Ayer almorzamos bien temprano y acordamos salir de casa como a las 15:30 hrs. El día anterior decidimos en comunidad comenzar pequeñas aventuras y hoy era el inicio de nuestras travesías, comenzando por un lugar que no conocía ninguna y que está escondido por los cerros de Santiago, como es Farellones. Mi misión era trazar el camino más rápido para llegar a la ruta g-21 que nos llevaba a nuestro soñado destino. De esta manera salimos de casa hasta la avenida Kennedy, para luego ver una señal de transito que decía “hacia farellones” e iniciamos nuestro incierto y emocionante recorrido que inauguraba nuestras próximas aventuras.A medida que subíamos por los cerros, comenzamos a recorrer una serie de curvas peligrosas, pero subimos con notable tranquilidad y seguridad, ya que Tulio llevaba el auto, con gran destreza y responsabilidad. El paisaje comenzó a cambiar, dejamos atrás las casas y comenzamos a admirar la hermosura sensación de tranquilidad que embargaba nuestro cuerpo. Fue un momento mágico en donde nos desconectamos de la ciudad y nos internamos entre las alturas de la cordillera. Las curvas fueron eternas, pero el tiempo transcurrió de manera corta y relajante. De repente, llegamos a farellones y contemplamos un territorio en donde habitualmente esta tapado de nieve y de una gran cantidad de personas que disfrutan con el ski y el frío. No obstante, el lugar era distinto, ya que era un hermoso pueblo, que era moderno y muy bien arreglado, pero completamente abandonado. Vimos un mapa en el camino y primero nos fuimos a “la parva”. Que lugar más hermoso, que casas tan preciosas y atractivas, que silencio, que paz tan envidiable, pero era notable que faltaba algo importante, que era la gente. Es evidente, no había nadie, todo estaba cerrado y no existía ninguna sola alma, aparte de la de nosotros. Acaso era el paraíso de la soledad, en realidad no lo se, pero al menos si puedo asegurar que era un perfecto lugar para que uno se pudiera relajar del constante estrés de la ciudad. En un minuto Juanan dijo “Es un perfecto lugar para un escritor o un simple artista” y en mi inconciente se grito un gran sí, porque era un lugar perfecto de inspiración que cumplía con dos características. Una era la belleza que irradiaba por todas partes y la segunda era el simple silencio que embargaba todos los rincones. Luego nos detuvimos en un bar a tomar unas cervezas, pedimos dos exquisitas austral y una bebida, para el conductor. Fue en ese instante cuando hablamos, contemplamos, nos reímos y aprovechamos el momento para disfrutar del aire, el silencio, la soledad y la alegría de estar viviendo una notable aventura.

Luego de eso tomamos rumbo a nuestro último destino, como era valle nevado (que estaba a 13 Km. de distancia). El camino era distinto y en más de alguna ocasión nos detuvimos para mirar el paisaje, sacar fotos o simplemente disfrutar de este hermoso santuario de la naturaleza.
Cuando ya eran cerca de las 19:00 hrs. Llegamos a nuestro destino (que está a 3000 mts) y fue completamente hermoso. Valle nevado es un lugar con un par de edificios tremendos, elegantes y modernos, pero que estaban cerrados, como si la epidemia de verano hubiera destruido a la humanidad entera, pero al menos había un poco más de vida, porque nos encontramos con algunos turistas brasileños y un cuidador, que nos dejo entrar por alrededor del hotel sin ningún problema. Caminamos por el terreno e imaginamos la nieve, como también logramos contemplar desde lo más cerca posible al cerro “el plomo”. Habíamos logrado nuestro objetivo inconciente, del cual nunca hablamos, pero que cada uno deseaba conocer, como era el llegar al final más alto de un camino inesperado y lleno de notables sorpresas.
Al bajar vimos cóndores, en donde Juanan disfruto sacando más de alguna fotografía y también recolectamos algunas flores para la capilla de la comunidad. Es verdad, terminamos nuestro recorrido bajando de este santuario a la realidad, para volver a escuchar al ruido y a la tremenda ciudad, pero con una sensación distinta, porque los tres sabíamos que la aventura se había conseguido, como también que uno puede ser feliz con cosas tan simples, como es el darse el tiempo para conocer nuevos territorios.
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