Creer en una nueva educación
En un principio, cuando iniciamos nuestro acercamiento al estudio profundo de la educación, uno comienza a hacerse una pregunta fundamental, pero al mismo tiempo llena de sinceridad, como es el hecho de decir: cuál es la educación que yo quiero desarrollar en mis futuros alumnos y qué deseo cambiar de ella. Pienso que el curso de introducción a la educación buscaba la respuesta a esta interrogante, realizando una exposición, clase a clase, de lo que uno podía llegar a responder, dejando en claro que las respuestas podían ser distintas, según como la persona quería ser capaz de buscar la solución a esta interrogante.
En este escrito trataré de realizar una reflexión sobre lo que más me llamó la atención, los temas que me causaron más interrogantes y, por qué no decirlo, más de algún conflicto personal, ayudándome de preguntas tan simples como es el hecho de cuestionarme por el rol del profesor, los desafíos y los requerimientos que uno va a ir necesitando en el tiempo, finalizando con una idea general sobre esta nueva base de educador que me han ayudado a formar en este semestre.
Siempre he pensado que la educación se debe desarrollar, por parte del docente, bajo objetivos claros y precisos, por desafíos que deben tratar de superarse y, también, bajo la búsqueda de una diversidad de herramientas que nos ayuden a educar a nuestros alumnos, para que ellos no sean los mejores alumnos, sino, simplemente, que sean buenos alumnos que sepan ser capaces de buscar la felicidad, como también a aprender de la experiencia diaria. Pienso que esta primera idea es fundamental, puesto que el educador debe ser una persona que ayude a orientar a un alumno y no una persona que exija a los alumnos a aprender por aprender.
Cuando uno se da cuenta que la educación no sólo sirve para dar información intelectual, para que el alumno consuma conocimientos, como si fuera un simple dulce, sino que, en realidad, sirve para entregar herramientas a nuestros alumnos, para convertirlos ahora en estudiantes, comprendemos que el cambio de nuestro enfoque educativo debe ser profundo y radical, pasando de una enseñanza por enseñar, a una enseñanza de aprendizaje de crecimiento, siendo este un avance significativo en nuestra formación pedagógica. Es verdad que, en un principio, cuando me cuestioné estos temas me dio un poco de conflicto interno, puesto que veía que la educación comenzaba a cambiar a pasos agigantados y que nosotros, como futuros profesores podíamos tomar dos caminos. Uno de ellos es el hecho de seguir con los ejemplos del pasado y caer en la tentación de crear una educación con límites, puesto que uno puede llegar a decir que “tú naciste para esta materia. Si a uno le apasiona una materia hay que prohibirle que la estudie. Hay que decirle que es un limitado o un desequilibrado”[1], o seguir un camino distinto, como es el hecho de buscar una educación que ayude a nuestros estudiantes a ser personas en la sociedad, como bien se puede entender al decir que “la educación debe ser crítica, o mejor dicho, debe conseguir la capacidad crítica en los educandos; con ello diferenciamos la educación de la inculcación o del adiestramiento ideológico”[2], lo cual considero como un avance en mí, para entender la base que debo tener para luego buscarlo este rol de profesor que estoy formando.

Ahora bien, pienso que también existe otro dato importante, como es el hecho de sentir que el rol de profesor, no es sólo dar clases y mostrar una superioridad a un número de alumnos, cayendo en el problema de manifestar en la aula de clases que los alumnos que me tocaron son, simplemente, “una clase de imbéciles”[3], sino que el rol del profesor se debe sentir como una vocación de querer enseñar, pero también con la responsabilidad de ayudar a nuestros estudiantes a crecer, lo cual implica que nos debemos entregar por entero a su educación, como también a buscar una “educación Integral, que comprende el desarrollo de todos los valores divinos y humanos del sujeto”[4]. Esto significa que el profesor, dentro de su rol, se hace cargo de un problema en la sociedad, que ahora no es sólo el hecho de ayudar a fomentar un trabajo intelectual en los estudiantes, sino también el hecho de “contribuir a la preparación de la juventud chilena para vivir en un mundo que a muchos se presenta como cambiante e incierto y en el cual la libertad humana enfrenta desafíos y preguntas respecto de cuyas respuestas hay un debate intenso”[5], que permita a los estudiantes a tener las herramientas posibles para enfrentar nuestra cultura.
Con respecto a los desafíos que me planteo, en mi formación como futuro docente es, en primer lugar, el hecho de formarme con responsabilidad y sinceridad, puesto que si no soy responsable de mi propia formación, menos podré ser responsable de guiar a mis futuros educandos, lo cual seria un tremendo error en el futuro. Lo segundo es el ser capaz de buscar una base crítica en mi forma de pensar y de actuar, puesto que el profesor, aparte de enseñar es también un referente para sus estudiantes y si puedo ser capaz de buscar una cierta imparcialidad hacia mis futuros pupilos, podré conseguir una conciencia crítica en ellos para que no sean capaces de seguir mi ejemplo, para sólo imitarme, sino para que mi ejemplo les ayude a descubrir sus reales identidades, que es todo un desafío por delante y, por último, el hecho de aprender a corregir mis errores y problemas, que pueden ser cosas tan básicas, como es el hecho de mostrar un protagonismo o una superioridad en mis educandos.
A medida que se desarrolló el curso, comencé a pensar en dos ideas que siempre me llamaron la atención, una de ellas, la cual fui formando desde mi experiencia y que dice que sin crisis no hay formación que, en otras palabras, se entiende cuando uno se va trabajando día a día, va asumiendo sus errores y tiene las ganas y el ánimo de poder solucionarlos, buscando más herramientas o consejos para mejorarse. Pienso que en esto va a jugar un rol importante el estudiante, puesto que sus opiniones me van a ayudar a ver la realidad, que en más de alguna vez, no he podido o no he querido ver en mí. La crisis en la formación es una manera de asumir la realizar, de aceptarla y de crecer desde nuestras propias limitaciones y, en lo personal, es un tema que practico a profundidad, ya que los educadores debemos ser “cooperadores de la verdad”[6] hacia los jóvenes que tendremos en frente de nosotros, como también el hecho de ser humildes y respetuosos con ellos.
El segundo argumento que considero, como base y requerimiento de mi formación pedagógica, fue cuando desarrollé un trabajo sobre la educación liberadora de Paulo Freire el cual nos señala que:
Paulo Freire […] ha sido un espécimen extraño en el mundo de la pedagogía del siglo XX por varias razones. La más obvia es que su entrada en la educación no se hace por la puerta del mundo educativo, sino por los múltiples caminos de la acción social […] La propuesta educativa de Freire no apunta a cómo mejorar el modo de adquirir más conocimientos, sino a cómo hacer que los educandos se tornen más conscientes y más deseosos de cambiar el mundo[7]
Pienso que este argumento, aunque llega ser bien simple, se convierte en una solidez personal, puesto que en él veo un requerimiento que cada día debo ir formando en mi futura vida como profesor, como es el hecho de entender que el camino que debo ir desarrollado es un servicio a los demás, es una ayuda que voy a entregar a personas para que ellos puedan ayudar a mejorar nuestro mundo, puesto que cada día me doy cuenta que la educación tiene un fundamento distinto a lo que antes se entendía, y eso es algo que, personalmente, me alegra, como es el hecho de ayudar a crear criterios en nuestros futuros pupilos.
En este escrito trataré de realizar una reflexión sobre lo que más me llamó la atención, los temas que me causaron más interrogantes y, por qué no decirlo, más de algún conflicto personal, ayudándome de preguntas tan simples como es el hecho de cuestionarme por el rol del profesor, los desafíos y los requerimientos que uno va a ir necesitando en el tiempo, finalizando con una idea general sobre esta nueva base de educador que me han ayudado a formar en este semestre.
Siempre he pensado que la educación se debe desarrollar, por parte del docente, bajo objetivos claros y precisos, por desafíos que deben tratar de superarse y, también, bajo la búsqueda de una diversidad de herramientas que nos ayuden a educar a nuestros alumnos, para que ellos no sean los mejores alumnos, sino, simplemente, que sean buenos alumnos que sepan ser capaces de buscar la felicidad, como también a aprender de la experiencia diaria. Pienso que esta primera idea es fundamental, puesto que el educador debe ser una persona que ayude a orientar a un alumno y no una persona que exija a los alumnos a aprender por aprender.
Cuando uno se da cuenta que la educación no sólo sirve para dar información intelectual, para que el alumno consuma conocimientos, como si fuera un simple dulce, sino que, en realidad, sirve para entregar herramientas a nuestros alumnos, para convertirlos ahora en estudiantes, comprendemos que el cambio de nuestro enfoque educativo debe ser profundo y radical, pasando de una enseñanza por enseñar, a una enseñanza de aprendizaje de crecimiento, siendo este un avance significativo en nuestra formación pedagógica. Es verdad que, en un principio, cuando me cuestioné estos temas me dio un poco de conflicto interno, puesto que veía que la educación comenzaba a cambiar a pasos agigantados y que nosotros, como futuros profesores podíamos tomar dos caminos. Uno de ellos es el hecho de seguir con los ejemplos del pasado y caer en la tentación de crear una educación con límites, puesto que uno puede llegar a decir que “tú naciste para esta materia. Si a uno le apasiona una materia hay que prohibirle que la estudie. Hay que decirle que es un limitado o un desequilibrado”[1], o seguir un camino distinto, como es el hecho de buscar una educación que ayude a nuestros estudiantes a ser personas en la sociedad, como bien se puede entender al decir que “la educación debe ser crítica, o mejor dicho, debe conseguir la capacidad crítica en los educandos; con ello diferenciamos la educación de la inculcación o del adiestramiento ideológico”[2], lo cual considero como un avance en mí, para entender la base que debo tener para luego buscarlo este rol de profesor que estoy formando.

Ahora bien, pienso que también existe otro dato importante, como es el hecho de sentir que el rol de profesor, no es sólo dar clases y mostrar una superioridad a un número de alumnos, cayendo en el problema de manifestar en la aula de clases que los alumnos que me tocaron son, simplemente, “una clase de imbéciles”[3], sino que el rol del profesor se debe sentir como una vocación de querer enseñar, pero también con la responsabilidad de ayudar a nuestros estudiantes a crecer, lo cual implica que nos debemos entregar por entero a su educación, como también a buscar una “educación Integral, que comprende el desarrollo de todos los valores divinos y humanos del sujeto”[4]. Esto significa que el profesor, dentro de su rol, se hace cargo de un problema en la sociedad, que ahora no es sólo el hecho de ayudar a fomentar un trabajo intelectual en los estudiantes, sino también el hecho de “contribuir a la preparación de la juventud chilena para vivir en un mundo que a muchos se presenta como cambiante e incierto y en el cual la libertad humana enfrenta desafíos y preguntas respecto de cuyas respuestas hay un debate intenso”[5], que permita a los estudiantes a tener las herramientas posibles para enfrentar nuestra cultura.
Con respecto a los desafíos que me planteo, en mi formación como futuro docente es, en primer lugar, el hecho de formarme con responsabilidad y sinceridad, puesto que si no soy responsable de mi propia formación, menos podré ser responsable de guiar a mis futuros educandos, lo cual seria un tremendo error en el futuro. Lo segundo es el ser capaz de buscar una base crítica en mi forma de pensar y de actuar, puesto que el profesor, aparte de enseñar es también un referente para sus estudiantes y si puedo ser capaz de buscar una cierta imparcialidad hacia mis futuros pupilos, podré conseguir una conciencia crítica en ellos para que no sean capaces de seguir mi ejemplo, para sólo imitarme, sino para que mi ejemplo les ayude a descubrir sus reales identidades, que es todo un desafío por delante y, por último, el hecho de aprender a corregir mis errores y problemas, que pueden ser cosas tan básicas, como es el hecho de mostrar un protagonismo o una superioridad en mis educandos.
A medida que se desarrolló el curso, comencé a pensar en dos ideas que siempre me llamaron la atención, una de ellas, la cual fui formando desde mi experiencia y que dice que sin crisis no hay formación que, en otras palabras, se entiende cuando uno se va trabajando día a día, va asumiendo sus errores y tiene las ganas y el ánimo de poder solucionarlos, buscando más herramientas o consejos para mejorarse. Pienso que en esto va a jugar un rol importante el estudiante, puesto que sus opiniones me van a ayudar a ver la realidad, que en más de alguna vez, no he podido o no he querido ver en mí. La crisis en la formación es una manera de asumir la realizar, de aceptarla y de crecer desde nuestras propias limitaciones y, en lo personal, es un tema que practico a profundidad, ya que los educadores debemos ser “cooperadores de la verdad”[6] hacia los jóvenes que tendremos en frente de nosotros, como también el hecho de ser humildes y respetuosos con ellos.
El segundo argumento que considero, como base y requerimiento de mi formación pedagógica, fue cuando desarrollé un trabajo sobre la educación liberadora de Paulo Freire el cual nos señala que:
Paulo Freire […] ha sido un espécimen extraño en el mundo de la pedagogía del siglo XX por varias razones. La más obvia es que su entrada en la educación no se hace por la puerta del mundo educativo, sino por los múltiples caminos de la acción social […] La propuesta educativa de Freire no apunta a cómo mejorar el modo de adquirir más conocimientos, sino a cómo hacer que los educandos se tornen más conscientes y más deseosos de cambiar el mundo[7]
Pienso que este argumento, aunque llega ser bien simple, se convierte en una solidez personal, puesto que en él veo un requerimiento que cada día debo ir formando en mi futura vida como profesor, como es el hecho de entender que el camino que debo ir desarrollado es un servicio a los demás, es una ayuda que voy a entregar a personas para que ellos puedan ayudar a mejorar nuestro mundo, puesto que cada día me doy cuenta que la educación tiene un fundamento distinto a lo que antes se entendía, y eso es algo que, personalmente, me alegra, como es el hecho de ayudar a crear criterios en nuestros futuros pupilos.
Finalmente, para terminar, me gustaría plantear la respuesta que me he formado, en el presente curso, sobre cuál es el rol de un futuro profesor de Filosofía. Mi respuesta puede llegar a ser bien simple, fundamentándome en el mismo Aristóteles que dijo que “todos los hombres desean por naturaleza saber”[8], pero es ahí cuando nosotros, cómo futuros profesores de la filosofía debemos actuar, puesto que debemos ser los guías de este deseo y de la búsqueda del pensamiento, ayudando a nuestros estudiantes a que sean capaces de pensar y de reflexionar, para que puedan comprender lo que buscan y no se dejen llevar por la superficialidad de la intelectualidad, sino que sean capaces de reconocer la profundidad de sus propios conocimientos, para que así logren ser el legado de una filosofía, que se esmera día a día en saber la verdad de las cosas y a buscar el bien de la humanidad.
Ser profesor es todo un desafío, es un trabajo constante, con una formación permanente y con una responsabilidad que diariamente vamos a ir formando, pero es también un servicio y un esfuerzo por dar las herramientas necesarias para contribuir a crear una “alternativa educativa para una mudialización respetuosa con todos los pueblos y personas, y con el futuro del planeta”[9], para poder así ser capaces de convertirnos en un profesional de mente abierta que sea capaz de estar al lado del alumno, sobrepasando las barreras de la escuela para conseguir que ellos crezcan y sean mejores personas para la sociedad.
En conclusión, pienso y siento que la educación es toda una aventura, es una manera de problematizar los problemas y es el hacernos cargo de toda una historia, es una manera nueva para pensar en “un nuevo programa (…), basado en la enseñanza centrada en el alumno, un enfoque no directivo o no estructurado”[10], para que nuestra educación sea capaz de buscar maneras más fáciles y originales de formación, conforme a nuestros educandos para que puedan crecer y para que toda nuestra sociedad pueda mejorar hacia la búsqueda del bien y de la verdad, siendo nosotros los guías para poder ayudarlos a llegar a esta meta tan deseada y placentera.
[1] Estudiantes de barbania, carta a una profesora, Biblioteca en marcha, Montevideo, 1971, p. 92.
[2] A. Colom, la educación y el conocimiento educativo en: teoría del conocimiento, Síntesis, Madrid, 2001, p. 20.
[3] Estudiantes de barbania, op.cit, p.38.
[4] San Alberto Hurtado, puntos de educación, Splendor, Santiago de Chile, 1942, p.2
[5] Ministerio de Educación, Filosofía en la educación escolar chilena, 2004, P.7
[6] Curia General de la Orden de las Escuelas Pías, Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías, ICCE, Madrid, 2004, p. 143.
[7] J. Trilla. (cord), El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI, Grao, España, 2002, p.313.
[8] Aristóteles; Metafísica, Gredos, Trad. Valentín García Yebra, Madrid, 1990, 980a, p.2.
[9] J. Trilla. (cord), op.cit, p.333.
[10] Carl R. Rogers, Libertad y creatividad en la educación, Paidós, Argentina, 1975, p. 1.
Ser profesor es todo un desafío, es un trabajo constante, con una formación permanente y con una responsabilidad que diariamente vamos a ir formando, pero es también un servicio y un esfuerzo por dar las herramientas necesarias para contribuir a crear una “alternativa educativa para una mudialización respetuosa con todos los pueblos y personas, y con el futuro del planeta”[9], para poder así ser capaces de convertirnos en un profesional de mente abierta que sea capaz de estar al lado del alumno, sobrepasando las barreras de la escuela para conseguir que ellos crezcan y sean mejores personas para la sociedad.
En conclusión, pienso y siento que la educación es toda una aventura, es una manera de problematizar los problemas y es el hacernos cargo de toda una historia, es una manera nueva para pensar en “un nuevo programa (…), basado en la enseñanza centrada en el alumno, un enfoque no directivo o no estructurado”[10], para que nuestra educación sea capaz de buscar maneras más fáciles y originales de formación, conforme a nuestros educandos para que puedan crecer y para que toda nuestra sociedad pueda mejorar hacia la búsqueda del bien y de la verdad, siendo nosotros los guías para poder ayudarlos a llegar a esta meta tan deseada y placentera.
[1] Estudiantes de barbania, carta a una profesora, Biblioteca en marcha, Montevideo, 1971, p. 92.
[2] A. Colom, la educación y el conocimiento educativo en: teoría del conocimiento, Síntesis, Madrid, 2001, p. 20.
[3] Estudiantes de barbania, op.cit, p.38.
[4] San Alberto Hurtado, puntos de educación, Splendor, Santiago de Chile, 1942, p.2
[5] Ministerio de Educación, Filosofía en la educación escolar chilena, 2004, P.7
[6] Curia General de la Orden de las Escuelas Pías, Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías, ICCE, Madrid, 2004, p. 143.
[7] J. Trilla. (cord), El legado pedagógico del siglo XX para la escuela del siglo XXI, Grao, España, 2002, p.313.
[8] Aristóteles; Metafísica, Gredos, Trad. Valentín García Yebra, Madrid, 1990, 980a, p.2.
[9] J. Trilla. (cord), op.cit, p.333.
[10] Carl R. Rogers, Libertad y creatividad en la educación, Paidós, Argentina, 1975, p. 1.

0 comentarios:
Publicar un comentario