Los sueños si se pueden hacer realidad.
Hace unos días atrás se realizó la inauguración de un proyecto comunitario, pero con la sutil diferencia de que esta comunidad no era religiosa, sino laical, pero con una tremenda conciencia social, como también pastoral, lo cual llama la atención en una sociedad juvenil que está tan marcada por el bajo compromiso, la comodidad y la seguridad que pueden brindar los padres de familia.
Hace mucho tiempo atrás, en un día normal en la Universidad, siendo el mes de Junio, tuve la oportunidad de escuchar a mi amigo Pablo que me comentaba un hermoso desafío que se estaba planteando. La idea era simple: "Buscar una casa con tres amigas, pero no para vivir como simples universitarios, sino para construir una vida comunitaria, porque sentía que Dios lo estaba invitando a este camino". En un principio me pareció extraña la idea, como si fuera una simple locura que comenzaba a experimentar mi amigo, pero luego me percate que Pablo sentía una inquietud tremenda en su vida y deseaba seguir caminando bajo sus sentimientos que le pedían arriesgarse para comenzar una aventura incierta y desconocida, pero llena de un notable sentido para su historia personal. Fue en ese instante cuando comencé a apoyar al amigo, escuchándolo en todo momento, como también para no perderme ningún detalle del camino que comenzaba a realizar, lo cual era bien impactante, porque no sabía lo que podía ocurrir con este hermoso proyecto, aunque de igual manera siguió a paso agigantado con sus amigas.
La búsqueda no fue fácil, comenzaron por buscar casa con sus nuevas compañeras de aventura, pero cada vez el proyecto se volvía más complejo. Pienso que fueron varias las veces en que escuche que "no encontraban casa", pero siempre me quede feliz al ver que la paciencia y la confianza hacia Dios que era mucho más superior que su desánimo. Es cierto, pasaron los meses y el tiempo siguió transcurriendo a paso agigantado, pero un día sucedió el Milagro, porque habían encontrado una casa en la comuna de Pudahuel. Esta gran morada pertenecía al hogar de Cristo y antes había sido una casa de acogida para madres solteras, pero hace varios años que estaba abandonada. Cuando escuche la noticia a mi amigo, vi en su cara la alegría de encontrar un destino, como si fuera la hermosa sensación de sentirse situado en la sociedad, aunque el lugar no estaba listo, pero de igual manera fue una alegría, porque me daba cuenta que el proyecto comenzaba a tomar forma, como si fuera un hijo que comenzaba a desarrollarse en el vientre de la Madre.
A medida que pasó el tiempo, Nicole, Constanza y el Pablo tomaron diversas opciones. Primero arrendaron la casa (lo cual es evidente) y después comenzaron a realizar uno de los rituales más placenteros de un dueño de casa, que es simplemente la formación del hogar. El verano fue trabajado por ellos, arreglaron su hogar con colores vivos, espacios comunes y confortables, pero con dos características esenciales para su proyecto. Lo primero que toda la preparación la realizaron con un absoluto cariño y amor a sentir que su comunidad estaba comenzando a formarse y lo segundo es que la creación de su casa tenía la finalidad de ser una casa para la gente de afuera, de la población y eso fue notorio, puesto que en la reparación no estuvieron solos, sino que tuvieron la ayuda de sus vecinos, los niños y los amigos, que quisieron ayudar en esta enorme y hermosa cruzada de alegría.
El día viernes 6 de Marzo, nuestros queridos aventureros realizaron un sueño que escuche hace meses atrás, que era inaugurar su comunidad, con un proyecto comunitario, bajo la frase de " vivir en comunión para ser testimonio de una mesa compartida". La ceremonia estuvo marcada de mucha emotividad, con una misa precedida por el P. Andrés Lira s.j, con todos los vecinos de la población, como también amigos de los dueños de casa y personas de un colegio vecino. La misa tuvo sus momentos claves, como fue el escuchar el evangelio de las bodas de cana, pero también el escuchar una homilía realizada por los nuevos y flamantes dueños de casa y el sacerdote, lo cual lleno de emoción y lágrimas a un grupo de personas que estaban felices de ver "que los sueños si se pueden hacer realidad" y que vale la pena aventurarse para cruzar el mar que nos presenta la vida.Les deseo mucha suerte a estos amigos, mucho ánimo en esta nueva etapa que van a vivir en sus vidas y le pido a Dios para que los ayude a crecer, a paso lento pero seguro, en esta hermosa manera de compartir la mesa, tanto entre ellos, como también para la población de Pudahuel que los espera con una alegría tremenda que embarga sus corazones, desde las personas mayores, hasta de los mismos niños, que eran los invitados privilegiados de la inauguración.


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